Todo deporte tiene necesariamente, a diferencia del juego, carácter competitivo. Esto obliga a tener claramente expresadas sus reglas con anterioridad y a precisar cómo se tomarán las medidas que determinarán al ganador o los ganadores en el caso que los haya.
Pensemos en un deporte olímpico cualquiera, preguntémonos qué medidas se debieron tomar previamente o durante la competencia y veremos qué medir es una acción indispensable.
Solo por nombrar algunos ejemplos: es necesario medir distancias de los “campos de juego”, de los saltos o lanzamientos en atletismo, así́ como medir tiempos en las carreras de patinaje o «a pie”. Incluso en aquellos deportes donde se utilizan pelotas, debería medirse la presión del aire contenido en ellas antes de comenzar el partido.
La mayor parte de las medidas se toman fuera de las canchas, en los laboratorios, donde se prueban materiales (coeficiente de restitución, elasticidad, etc.) y se analizan diferentes muestras (incluyendo las de doping).
Un caso muy evidente de recopilación de medidas, se presenta en las carreras de autos de Fórmula 1, donde además de longitudes, tiempos y masa (“kilataje”) del vehículo, existen múltiples medidas para cumplir con las regulaciones técnicas establecidas por la Federación Internacional de Automovilismo (F.I.A.).
Es cierto que en varios deportes la belleza es importante (gimnasia artística, saltos ornamentales, etc.) y que ningún instrumento es capaz de medir el aspecto estético que obedece a un criterio subjetivo o cultural. Pero también es cierto que no existen deportes olímpicos donde no se apliquen instrumentos de medición para definir la competencia y/o el resultado de la misma. En el nado sincronizado, hasta se mide la temperatura y la profundidad del agua, incluso el nivel de intensidad sonora de la música que acompaña.
La globalización ha obligado a universalizar unidades, instrumentos y procedimientos de medición. Esto no ha sido sencillo, ¡medir ofrece dificultades! Por ejemplo, debido a la dilatación térmica, una cinta métrica no está en las mismas condiciones en una pista abierta de Moscú en invierno, que “al rayo del sol” en una pista ecuatorial. La hora del día también es factor de cambio.
En el básquetbol, las canastas deben de estar a una altura de 10.5 pies respecto al suelo, variaciones milimétricas afectarían el resultado del partido. La NBA checa este detalle antes de comenzar el encuentro y lo revisa en el entretiempo ya que las volcadas del jugador pueden modificar esa altura reglamentaria.
En 2003, en una competencia estudiantil canadiense, Sultana Frizell lanzó una la bala de cuatro kilos a una distancia de 14.84 metros, 50 cm más lejos que el récord vigente de la categoría. Fue terrible cuando le dijeron que el lanzamiento no podía considerarse récord nacional, por no haber balanzas que certificaran los cuatro kilos que pesaba la bala.
Es indudable que medir en el deporte es una necesidad y son deseables las medidas confiables, precisas y correctamente expresadas. Los procesos e instrumentos de medición han experimentado una gran evolución en el tiempo, permitiendo una menor incertidumbre en las medidas y, por lo tanto, mayor justicia en las decisiones arbitrales. Claro que las matemáticas no han impedido errores de los árbitros y por lo tanto, epítetos indeseables de parte de los apasionados.