Particularmente en estos tiempos del COVID, hay múltiples ejemplos del impacto que la Química, la Física y las Matemáticas han tenido en la Medicina. Un buen ejemplo es el oxímetro, ese aparatito que el médico nos coloca en un dedo cuando vamos a consulta.
El oxímetro sirve para determinar la oxigenación de nuestras células de manera simple y rápida. Usando dos longitudes de onda específicas, el aparato mide el porcentaje de hemoglobina saturada con oxígeno, que se encuentra en nuestra sangre. El método se basa en un análisis espectrofotométrico que compara la luz transmitida y absorbida por la hemoglobina. Sin la Química no se habrían descubierto el oxígeno y la hemoglobina, sin la Física no existiría la espectrofotometría y sin las matemáticas las mediciones serían imposibles.
El oxígeno es un gas que nuestro cuerpo necesita no sólo para funcionar bien, es indispensable para producir la energía que nos mantiene vivos. Nuestros pulmones absorben el oxígeno del aire que respiramos y éste pasa a la sangre, donde la hemoglobina lo transporta a todos nuestros tejidos. El oxígeno es la gasolina que permite utilizar lo que comemos, que respiremos, que las células se reproduzcan, que formemos anticuerpos, que pensemos, en fin, que estemos vivos.
En las enfermedades como el COVID-19, el tejido pulmonar no puede absorber el oxígeno, la hemoglobina no logra hacer su tarea correctamente y en consecuencia, todas las funciones vitales se deterioran al grado de poder producirse la muerte.
El oxímetro mide los niveles de saturación de oxígeno sanguíneo, es decir, permite saber el oxígeno que transporta la hemoglobina. El aparato se coloca en un dedo, la luz polarizada lo atraviesa y mide los glóbulos rojos que transportan la hemoglobina, es decir, de modo indirecto está midiendo el oxígeno real que hay en la sangre.
El oxímetro es pequeño y barato, pero sumamente útil. Antes de que existiera, había que tomar una muestra de sangre y someterla a un elaborado proceso para medir la hemoglobina y en consecuencia el oxígeno. Claro que no sustituyó a los métodos clásicos que siguen siendo muy útiles y confiables.
La baja saturación de oxígeno en sangre, generalmente es consecuencia de una patología pulmonar o incluso cardíaca. En el caso de una enfermedad pulmonar, como la neumonía provocada por COVID 19, el tejido pulmonar inflamado no permite la difusión del oxígeno, la saturación puede bajar a niveles alarmantes y el paciente siente que no puede respirar a pesar de que haga su mejor esfuerzo para “jalar” aire.
Cuando el oxímetro indica una saturación menor a 93%, es mejor buscar apoyo médico, aunque el paciente se sienta aparentemente bien. Claro que cada enfermo es diferente y habrá quien se siente mal con niveles más altos.
En lo que termina la pandemia, no es mala idea comprar un oxímetro, los hay de buena calidad y precio accesible. Usarlo no es complejo. Hay que evitar que el dedo está húmedo, mantenerlo inmóvil y no ponerlo en una uña pintada.